martes, 10 de noviembre de 2015

EL PASADO DEL FUTURO – CAPITULO V

¡ALTO! Si usted no ha leído los CAPITULOS I, II, III y IV de  EL PASADO DEL FUTURO, le sugiero que detenga inmediatamente la lectura del presente CAPITULO V y no siga adelante. En la parte derecha del Blog aparecen las entradas anteriores, busque los capítulos que no leyó, léalos y vuelva para aquí una vez terminado. Caso contrario, no entenderá lo que está sucediendo. Es muy probable que, si los lee, tampoco. Aproveche para ver las anécdotas del blog que todavía no leyó.
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Muy bien. Si usted está aquí, es que ya leyó previamente los CAPITULOS I al IV, y sabe de qué se trata toda esta increíble saga, y si no lo hizo, ahora es su problema. Aquí vamos.

Miren que han pasado muchos años, pero sigo recordando que……………….. luego del involuntario congelamiento durante un inventario presencial de pescado congelado, para mi sorpresa, desperté luego de 30 años en el año 2012. Estuve internado un tiempo, y gracias al generoso ofrecimiento de mi empleador de 30 años atrás, el estudio de Lionel Devengado,  Devengados y Asociados, volvería a trabajar en un cliente de auditoria. Me había propuesto ocultar completamente mi condición de “viajero del tiempo”, para evitar ser un “fenómeno de circo”. Solo quería vivir una vida normal y pasar desapercibido, volver a ser auditor como antes, me parecía la mejor manera de reinsertarme. En  el estudio, me encontré con  el que sería mi asistente, Máximo Tilde, con quién me enteré que ya se habían dejado de utilizar, entre otras cosas, los papeles 7 y 14 columnas,  los lápices rojos para los tildes, los registros manuales, etc. Todo estaba computadorizado, era portátil, debía de ser ingresado en nuestras notebooks, con archivos que estaban por las nubes, o en la nube que vaya a saber dónde quedaba. El alma de la auditoria se había perdido. 

Luego de un curso de inmersión acelerado en la realidad, ya nos encontrábamos en las oficinas del cliente, listos para iniciar la auditoría. Nos presentamos antes el Gerente de Administración, quién nos recibía amablemente.

-      Estimados Daniel y Máximo, bienvenidos para iniciar el trabajo de la auditoría. A usted, Daniel, lo veo un poco mayorcito para seguir siendo todavía encargado de trabajo. Debe de ser bastante experimentado a esta altura.

-         ─ Ciertamente. He estado un poco retirado de la auditoria (unos 30 años solamente, dije en mis pensamientos).

-          Con razón no lo vimos antes por aquí. ¿Ya están listos para ubicarse?

-          ¡Totalmente! Díganos qué oficina nos han asignado, y allí vamos.

-        Bueno, en realidad no es una oficina. Tengo un lugar para uno, ya que Carlos Inventarietti, el sub supervisor de Almacén, está de vacación ésta semana. Es una mesita, pero se podrá acomodar. El otro, puede ir a la mesa de Luis Concilietti, el analista de Bancos. Aceptó prestarle el costado de su escritorio, por esta semana. La semana que viene veremos si alguien se enferma, accidenta, muere, o va de vacaciones, y los volvemos a acomodar. ¿No es problema, verdad?

-          Para nada. ¿Me imagino que podemos dirigirnos directamente a cualquier empleado para consultarle sobre los temas a su cargo?

-         Al contrario. Me hacen un requerimiento por escrito, me lo pasan y en pocos días yo les doy la contestación, o les informo con quién lo tienen que ver.

-          ¿Tienen ya el borrador de balance?

-     Ni soñando. Parece que no le han informado, pero la costumbre que tenemos es que ustedes preparan el balance.

-          Ahaha. ¿Los baños?

-    Están con llave. Pueden usar los de fábrica, allá al fondo. O si consiguen que algún empleado le preste su  llave, ningún problema.

-          Por último, el café.

-          Allí está la maquinita. Pueden comprar las fichas en Tesorería.


-    ─    Gracias. (Hay muchas cosas que no han cambiado en los últimos 30 años, pensé para mis adentros).
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-          Máximo. Tenemos poco tiempo. Quiero que hagamos una buena sumatoria con tira de máquina del detalle individual de los inventarios de productos terminados, del activo fijo, de los materiales de almacén y de los saldos con clientes, y los comparemos con los saldos de mayor, y ver si los tienen conciliados.

Mi asistente me miraba fijo, como quién ve a un alienígena bajar de su nave.

-         ─ ¿Sumatoria con tira de máquina?

-          Si. Las tiras de suma de la calculadora. Sumar una por una las fichas individuales y ver si suman igual al total de la cuenta del mayor. Si no te dá, vas tildando la tira de máquina.¿O no hacemos más este procedimiento básico de auditoría?

-          Ya no es necesario volver a sumar todo manualmente (haciendo énfasis y casi deletreando "manualmente"). Son sistemas computadorizados. Evaluamos los controles generales del centro de cómputos, y las aplicaciones individuales. Nos ayuda mucho la gente de IRM.

-          ¿IRM? ¿Inspectores de Recursos Manuales? ¿Investigadores de Rituales Milenarios? ¿Instigadores de Revueltas Multiétnicas?¿ Ilusionistas que Releen las Mentes? ¿Qué recórcholis es IRM?

-         ─ En realidad, Information Risk Management.

-       Ya lo sabía, Maxi. Quería ver si estabas actualizado. ¡Bien! No te olvides de pedir la fotocopia del mayor.

-          ─ No es necesario, Jefe. Accedemos por una terminal remota interconectada en línea.

-         ─ Terminal remota, claro. (Ni remotamente entiendo de lo que me estás hablando).

-          Listo. ¡A comenzar la auditoria se ha dicho! (No va a ser fácil, pero lo fundamental de la auditoria seguramente sigue siendo lo mismo). ¡Saldré adelante!

                                                                                                                       (Continuará….)

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