domingo, 13 de septiembre de 2015

DESCONOCIDA CONOCIDA

Por razones de trabajo, debía tomar un vuelo a Corrientes.  Acostumbro, me gusta, intento, llegar temprano a los aeropuertos. El vuelo salía a horario, pese a que el clima no era muy prometedor. Embarqué entre los primeros pasajeros. Tenía un asiento de pasillo. El asiento contiguo al mío ya estaba ocupado. Era una muy atractiva mujer, de unos cuarenta años, bello rostro y un cuerpo que no se quedaba atrás. Nos saludamos formalmente y me senté a su lado.

Comenzaron a subir otros pasajeros. Estábamos aproximadamente en la fila 10. Los dos primeros pasajeros la vieron, esbozaron una sonrisa y la saludaron. Mi compañera de asiento los saludó amablemente. Los siguientes pasajeros que abordaron, al verla la saludaron tímidamente, como quién saluda a un artista o deportista conocido. La miré disimuladamente, y no pude reconocerla. La señora mayor que subió a continuación, la saludó efusivamente, cruzó su cuerpo por sobre mí y le estampó un beso en la mejilla que mi compañera agradeció. Obviamente, se trataba de alguien muy conocida. ¡Pero yo no tenía le menor idea de quién era! La miré de reojo un par de veces y…..nada. Los pasajeros seguían subiendo, y alrededor de un 80, 82% de los que pasaban, la saludaban respetuosamente. Estaba  muy tenso, era como viajar con la versión femenina de Messi, y no darse cuenta. La observé con menos disimulo para tratar de captar algún rasgo que me permitiera inferir de quién se trataba y……….nada. Jamás había visto a esa mujer en toda mi vida. Todo el avión sabía perfectamente de quién se trataba la pasajera sentada a ocho centímetros a mi derecha, menos yo. Hubo otros saludos respetuosos, cordialmente respondidos por la desconocida conocida.

Una vez que todos los pasajeros se acomodaron, las azafatas hicieron su clásica coreografía indicando la ubicación de las salidas de emergencia, nos preparábamos para el despegue,  la miré directamente, como “scanneando” cada detalle de su rostro y tratando de ubicar algún indicio, algo, aunque fuera ínfimo, para poder decir ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaahh, era tal o cuál! ¿Cómo no me di cuenta antes? Fue en vano. La encaré directamente y se lo consulté.

-    - Discúlpeme, pero veo que prácticamente todos los pasajeros del avión la conocen y saludan.  Indudablemente debe ser una figura pública y yo debiera también saberlo, y me avergüenza y lamento no conocerla. Si no es indiscreción, podría decirme quién es Usted.

-        -  No tiene nada que disculparse. Lo que sucede es que yo fui Miss Corrientes hace unos años, y conduzco un programa de TV local, por lo que los correntinos por lo general me conocen.  No había forma que Usted lo supiera.

-         -  Bueno, gracias, realmente me quita un peso de encima. Un gusto conocerla.

Despegamos, y los primeros  15 minutos de vuelo fueron tranquilos. Repentinamente, el avión entró en un pozo de aire. Miss Corrientes, al mismo tiempo que lanzaba un grito espeluznante, me pellizcó con ambas manos en mi brazo, dejándome todos sus dedos marcados.

-         - ¡Disculpe, por favor! Es que me asusté tanto. Le pido perdón.

-    - No tiene por qué hacerlo. Tranquilícese, ve que ya estamos volando sin problemas.

Terminé de decir eso, cuando el avión volvió a entrar en un pozo. Otro grito y esa vez fueron pellizcones en mi muslo.

-       -  ¡Qué desastre! Esto me tiene muy asustada. Le suplico me perdone. No sé lo que va a pensar de mí.

-      -  No pienso nada. Simplemente cálmese. Son movimientos pasajeros. Es una zona especialmente turbulenta, y en un ratito la pasaremos.


No fue un ratito. El avión se siguió moviendo como una coctelera y Miss Corrientes seguía pegando gritos y pellizcándome sobre la piel ya amoratada de mis brazos y muslos, y yo tratando, inútilmente, en defensa propia, de calmarla. La tortura continuó hasta unos minutos antes de aterrizar. Antes de descender, volvió a disculparse.  Nos saludamos y cada uno partió a su destino.

Tenía la esperanza que, la misma casualidad que me la puso a la Miss en el asiento contiguo, volviera a repetirse en el vuelo de vuelta, como para seguir, o iniciar, una conversación más pacífica. No estaba ella.  Los que si estaban, eran algunos pasajeros correntinos con los que habíamos coincidido en el viaje de ida. Percibí que varios de ellos me miraban, le decían algo susurrando a sus acompañantes, y largaban una carcajada, no muy disimulada.

Los moretones se quedaron por unos meses, pero con el tiempo ya casi, casi, ni se notan.






lunes, 31 de agosto de 2015

DIAS DE IRA o DULCE VENGANZA


No me la contaron. La viví.
Eran otras épocas. Imagínense que un equipo de trabajo de auditoria para una visita interina, como en el presente caso, se componía de un encargado, dos asistentes semi-senior y un par de asistentes juniors. En esos tiempos, la Ruta Panamericana solo llegaba como autopista solo hasta unas decenas de Km de Buenos Aires y por lo tanto, llegar a localidades como Campana (unos 80 kilómetros) era toda una aventura.  No teníamos teléfonos celulares (no existían), ni computadoras personales.
La cuestión es que teníamos que hacer nuestro trabajo en una fábrica ubicada en  Campana y en condiciones normales, eso implicaba un viaje de más de dos o tres horas desde el centro de Buenos Aires.  Debido a ello, y dado que la empresa contaba con un hotel donde nos daban alojamiento, teníamos un régimen especial: viajábamos los días lunes hasta Campana, nos alojábamos en el hotel y volvíamos recién los viernes al mediodía a Buenos Aires. Así, nos librábamos del cansador viaje diario de ida y vuelta y la convivencia afianzaba la relación entre los miembros del equipo. O tal vez, y como veremos a continuación, no tanto.
Uno de los integrantes, que ya era asistente semi-senior (o simplemente “semi”) estaba un tanto molesto con otro de los miembros que aún no había logrado el ascenso de categoría, básicamente por algunas actitudes de este último frente a empleados del cliente. 
Este junior era muy extrovertido, fanfarrón, pícaro, hablador, fabulador  y de buena estampa. Condiciones todas para que este proyecto de Isidoro Cañones se llevara muy bien con todas las chicas de la administración, a las que no paraba de galantear y hacerlas reír.
 Una de las formas elegidas para “caerles bien” a las damas, era exagerar su propio status en el equipo. Y para eso, no paraba de hacerle bromas al “semi” frente a las muchachas. Por ejemplo, hacerle un tour por las oficinas de la empresa presentándolo como un nuevo colaborador que necesitaba ser guiado y ayudado; preguntarle frente a un par de empleadas si ya había completado las tareas que él le había solicitado realizase  La acumulación de bromas y humillaciones del junior hacia el semi, se iba incrementando. Pronto llegaría la gota de agua (muchas gotas juntas, en realidad) que rebasó el vaso de su paciencia. Fue en esa tarde en la que frente a todo el personal femenino de la administración, les comentó que tenía que supervisar al semi con mucha frecuencia porque el “pibe” era nuevo en la función, además de lento para entender  y había cosas básicas que aún no sabía hacer bien. El rostro colorado del semi, las venas y arterias marcadas por reventar, mientras contenía su ira, lo decía todo.
Suficiente, es suficiente.


Durante la madrugada, entré sueños escuché un sonido tipo “Splash”, un grito de sorpresa/espanto de mi compañero y  me pareció ver un fogonazo en medio de la oscuridad. Alguien, o algo, había entrado a nuestro cuarto. Dormíamos en habitaciones dobles y compartía la mía con el junior. Yo estaba agotado y tenía mucho sueño,  por lo que me di vuelta y seguí durmiendo.   A la mañana siguiente, cuando bajé de la cama, metí mis pies descalzos en un gran charco de agua, mi compañero de habitación no estaba en el cuarto, su cama estaba visiblemente empapada, y un gran balde plástico vacío yacía tirado en el suelo.
Cuando bajé a desayunar, el conserje me preguntó con suma curiosidad  “¿Qué pasó? ¿Hubo algún problema en su habitación? Digo…porque su compañero apareció empapado a la mitad de la noche para pedirme que lo ubicase en otra habitación”.  “No tengo la menor idea” le dije, “sólo vi que el muchacho no estaba y que había abundante agua en la cama y en el suelo”.
Desayunamos todos juntos, incluyendo al semi y al junior. Se habló de las noticias deportivas, algo de novedades políticas, algunos temas prioritarios del trabajo para ese día, una nueva pasajera del hotel que estaba muy buena, y nada más. Del incidente, ni una sola palabra, ni esa mañana, ni en los años siguientes. ¿Castigo Divino? ¿Venganza?. Puedo atestiguar que las bromas del junior hacia el semi, acabaron abruptamente a partir de esa noche. Creo incluso que terminaron como buenos amigos. Pero, antes de que eso sucediera, circularon por el cliente y en el estudio, numerosas fotocopias de una foto en blanco y negro tomada con flash del momento del agitado y abrupto despertar del junior. Todavía no se había inventado el Facebook.


Contribuyó gentilmente con la anécdota laboral:  Norberto Benito.

lunes, 17 de agosto de 2015

AUDITORIA SOLO PARA ADULTOS


El otro día estaba repasando los distintos relatos incluidos en el blog, y cuando ví ATRAPADO SIN SALIDA (para los que no lo leyeron, pueden hacerlo buscando en los relatos anteriores incluidos a la derecha de la pantalla, fue publicado en el mes de junio), recordé el terrorífico ascensor de ese edificio y los malos momentos  pasados, vinieron a mi memoria otros hechos ocurridos allí, indudablemente mucho más agradables. En ese mismo edificio donde habíamos alquilado temporariamente oficinas, también tenía su sede una filial de la editorial de una mundialmente reconocida “revista para adultos”, y no era extraño compartir el estrecho ascensor con alguna de las señoritas que habían aparecido, o aparecerían en futuras portadas o interiores de las revistas, incluso me atrevería a afirmar que más de una merecería una página central desplegable. Nosotros,  que vestíamos con traje oscuro, camisa y corbata al tono, solíamos llegar a la oficina del estudio transpirados y algo  acalorados, pero con una sonrisa dibujada en el rostro.  Fue, creo, lo único que extrañamos cuando las oficinas originales terminaron de ser recicladas y volvimos a nuestro tradicional edificio.
Y ese recuerdo, me trajo a la mente otra situación profesional que me tocó vivir con relación a esa  misma prestigiosa e interesante revista, de la que pese a los años transcurridos continúo siendo fiel suscriptor.
Este “relato contable” nos  fue narrado hace algunos años (bastantes años…) por el Director Global de Marketing, a un grupo de  gerentes,  durante una actividad que formaba parte de un taller de nuevos gerentes de un estudio multinacional de auditoria, impuestos y consultoría. No puedo afirmar que la totalidad de la historia sea cierta, o si los hechos se sucedieron tal como me fueron relatados, o si solo se trataba de un caso de estudio inventado para poder ejemplificar la temática que quería presentar ese Director. Como sea,  si no fue cierto, merecería haberlo sido. Aquí, tal como la recuerdo.
Todos los años, invariablemente,  el estudio recibía la invitación para participar en la licitación para la auditoría de los estados contables de esa muy reconocida empresa que editaba una “revista para adultos”.
La editora de la revista, que tenía varias décadas de existencia, con una excelente participación en el mercado específico, con distribución mundial y filiales en distintos países, muy bien organizada, con un sistema de control interno muy estricto implantado y probado y sistemas administrativos y contables de avanzada, contaba con una Gerencia muy  comprometida con el cumplimiento de las distintas normas profesionales y legales, que requería que la auditoria fuera realizada por un estudio de profesionales de primer nivel, confiable y experimentado.
Del mismo modo, invariablemente, el estudio agradecía la invitación y la rechazaba con excusas muy gentiles, aunque tal vez no muy creíbles. En el estudio se consideraba que podría ser inconveniente para su prestigio e imagen como “Auditores serios y respetables”, que su buen nombre estuviera ligado a una “revista para adultos”, por lo que era preferible olvidarse del asunto. Sin embargo, otros estudios de auditoria, impuestos y consultoría, también multinacionales, también prestigiosos, y probablemente menos prejuiciosos, vieron el asunto de modo distinto. La empresa editora era totalmente auditable, contaba con todos los respaldos de sus transacciones, buenos sistemas contables y administrativos, una cultura de control interno, buena estructura económica y financiera, y estados contables creíbles, y siendo que el mercado al que se dedicaba era totalmente legal, todo ello resultaba muy atractivo para tratar de convertirlo en su cliente. Y así fue que, durante muchos años, otros estudios competidores ganaron la licitación y fueron auditores y cobraron excelentes honorarios profesionales, y su reputación no sufrió ninguna baja (más bien, estaba en alza por la envidia de los profesionales de los otros estudios que no habían ganado la licitación).
Un día, éste estudio que había rechazado año tras año, la participación en la licitación, replanteó su posición. ¿Era lógico perder la posibilidad de contar con un cliente que pagaba muy buenos honorarios profesionales, simplemente porque se trataba de una “revista para adultos”, cuando todos los requisitos para convertirlos en clientes estaban dados? ¿Qué era lo que veían en esa revista (además de las atractivas fotos) los otros estudios competidores  y ellos no? Decidieron que era hora de cambiar de actitud, ser menos prejuiciosos y más prácticos. Esta vez agradecieron la invitación y participaron.  ¡Y…..ganaron! La auditoría transcurrió previsiblemente y sin sobresaltos durante el año. Más de un auditor intentó inútilmente convencer al Controller del cliente que, asistir a las sesiones fotográficas era parte de los procedimientos de auditoria requeridos por las normas, o que necesitaban las revistas para incluirlas en los papeles de trabajo examinados.
La situación más escandalosa que se recuerda se generó cuando llegó el fin de año, y allí se armó una gran pelea entre socios, gerentes, encargados y asistentes, con discusiones que nunca se habían visto en esas oficinas. Es que llegaba el cierre del año fiscal, y todo el personal masculino se ofrecía para participar para presenciar  los recuentos físicos para el inventario de los que eran indiscutiblemente los principales activos de la editorial.
Y ya que estamos con anécdotas laborales referidas a “revistas para adultos” y a hombres supuestamente “serios”, vale la pena mencionar que en 1975 el renombrado científico Stephen Hawking le apostó al también renombrado astrofísico Kip Thorne (el mismo que muchos años después fue el asesor científico de la película “Interestelar”), una suscripción anual a la revista “Penthouse”, en caso que la fuente galáctica de rayos X  conocida como Cygnus  X-1, resultara ser un agujero negro. Evidencias posteriores hicieron que en 1990 Hawking reconociera que Thorne tenía razón, por lo que para su satisfacción científica y no tan científica, ganó su suscripción. Fue un buen año para Thorne.

lunes, 3 de agosto de 2015

EL PASADO DEL FUTURO – CAPITULO III

¡ALTO! Si usted no ha leído los CAPITULOS I y II de  EL PASADO DEL FUTURO, le sugiero que detenga inmediatamente la lectura del presente CAPITULO III y no siga adelante. En la parte derecha del Blog aparecen las entradas anteriores, busque el CAPITULO I y el CAPITULO II, léalos y vuelva para aquí una vez terminado. Caso contrario, no entenderá lo que está sucediendo. Y si los lee, puede ser que tampoco. Aproveche para ver las anécdotas del blog que todavía no leyó.
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Muy bien. Si usted está aquí, es que ya leyó previamente los CAPITULOS I y II, y sabe de qué se trata todo esto, y si no lo hizo, es su problema. Aquí va lo que siguió.
Pese al tiempo transcurrido, recuerdo que.…………………….………………..luego del involuntario congelamiento durante un inventario presencial de pescado congelado en una factoría, para mi sorpresa, desperté luego de 30 años en el año 2012. Estuve internado un tiempo, y ahora ya recuperado, me iba a dirigir a mi antiguo trabajo, gracias al generoso ofrecimiento de mis empleadores de tres décadas atrás, Devengados y Asociados. Me había propuesto ocultar completamente mi condición de “viajero del tiempo”, para evitar ser un “fenómeno de circo”. Solo quería vivir una vida normal y pasar desapercibido, volver a ser auditor como antes, me parecía la mejor manera de reinsertarme. Allá vamos.

Todos los autos que circulaban se veían de modelos futuristas, resplandecientes, únicos y desconocidos. Me pareció ver un Fiat 128 y luego un Renault 12, ambos en bastante mal estado, considerando que eran autos cero kilómetros, cero kilómetros de mi época, ahora son autos de 30 años. Paré un taxi, el gesto seguía siendo el mismo afortunadamente, no sea que ahora ese movimiento de mano sea considerado un insulto.
Inicié una conversación con el taxista de modo que todo pareciera normal conmigo. Tenía la dirección de la oficina escrita en un papelito.

-         Vamos por favor a esta dirección en Puerto Madero.

-       – Como no.

-        ¿Pero, conoce usted Puerto Madero?

-         – Claro.

-         ¿Y ya no son edificios abandonados llenos de basura y ratas?

-   – No. Hace más de 20 años que es uno de los lugares más elegantes de Buenos Aires.  ¿De qué país viene usted a visitarnos? Aunque tiene tono de porteño.

-   Caramba.. 20 años, que rápido pasa el tiempo. Soy porteño, y no vengo de ningún otro lugar.

-       ¿Y me va a decir que no sabía que Puerto Madero había sido completamente reciclado?


-       Es que salgo muy poco –intenté disimular mi torpeza.

-         ¿Qué tal, como andan las cosas con el presidente Raúl Alfonsín? –dije para cambiar el tema, mientras le hacía el gesto típico de Alfonsín apretando las dos manos y llevándolas a un costado, por arriba del hombro.

-         ¿Con quién? Dijo el conductor mirándome por el espejito retrovisor, con rostro un poco estupefacto.

-         Coooooon, ésteeeeeee, con Alfonsiiiin –decía mientras me daba cuenta que el recién asumido presidente cuando quedé congelado, difícilmente, salvo que se permitiera la reelección eterna, siguiera ahora en su puesto. –Ya debe llevar algunos años…..

-         – Algunos años…. de fallecido.

-         ¡No me diga! Ni me había enterado.

-         – Pero, Usted donde vivió en estos últimos 30 años?

-         Aquí, aquí en Buenos Aires.

-         – Ahaja, y no se enteró. Ni un poquito.

-        – Seguramente estuve muy concentrado en otras cosas. Soy auditor, trabajo mucho, no tengo tiempo para la política.

-         Ya veo. Seguro que sabe algo de Menem, De La Rúa o Duhalde,  por decir algunos.

-         Algo, un poco, de nombre, si le tengo que ser sincero –mentí  tratando de no seguir hundiéndome más en mis propios dichos. Tendría que haberme preparado mucho más para enfrentar estas situaciones.

-        ¿Y si le menciono Néstor o Cristina, le dice algo?

-        ¿Debería?
    
     Eso ya fue demasiado para la poca paciencia que un conductor de  taxi puede tener, en Buenos Aires, en Santa Cruz de la Sierra, o donde fuera.

-         ¿Pero, usted me está tomando por un imbécil? ¿O se cree que porque el señorito es un gran ejecutivo, se va a burlar de mí? Usted es bromista? Es payaso? Por qué no me pide que lo lleve a un circo, y no a Puerto Madero? Es ahí, en la esquina de la próxima cuadra. ¡Bájese, ya mismo! 


-       Señor, de ninguna manera pretendí ofenderlo. Es que soy algo olvidadizo.
-         ¡Vergüenza debería darle! Hombre grande! ¡Bájese, no lo llevo ni un centímetro más! ¿Con qué me va a pagar, con Pesos Ley, con Australes, con qué? ¿Y sabe dónde puede guardarse su plata?
-         
   – No quise averiguarlo. Y me tuve que bajar. Estaba llegando tarde a mi primer día de trabajo en 30 años.


………….………(CONTINUARÁ)

martes, 21 de julio de 2015

REGLAS DE ETIQUETA


El lugar: hall de un importante hotel de San Pablo donde nos alojábamos con motivo de unas reuniones. Las circunstancias: Para esa época tenía entre mis funciones como gerente, la coordinación de capacitación interna de las distintas oficinas de la firma en sudamerica. Mi jefe, un hombre maduro, experimentado y respetado, a quién llamaremos Alberto Cursos, muy formal él, había invitado para una cena de camaradería (principalmente) y de trabajo (muy secundariamente), al líder mundial de capacitación, y jefe suyo (por supuesto que también mío), un bastante más joven inglés a quién llamaremos John Training, quién se encontraba excepcionalmente en San Pablo. John profesaba sumo respeto hacia Alberto y su experiencia, y le interesaba recibir sus comentarios sobre todo los proyectos globales de capacitación. Los hechos: Alberto y yo fuimos los primeros en bajar de las habitaciones y llegar al hall. Él estaba vestido con pantalón gris, saco azul, camisa blanca y corbata al tono. Por mi parte, yo había bajado vestido de sport con una remera. Alberto Cursos, todo un caballero, en forma muy amable me indicó que considerando el status de nuestro jefe e invitado, correspondería vestir de saco y corbata, para lo que debía subir a cambiarme apropiadamente antes que John apareciera. Subí raudamente a la habitación. Cuando volví al hall vestido adecuadamente con saco y corbata, coincidí con la llegada de John Training, quién se encontraba vestido de sport elegante, sin saco y sin corbata. Alberto, quién  empalideció algo al verlo,  le comentó al inglés “-ya vuelvo, olvidé algo en la habitación”, y antes de partir hacia su habitación, me susurró por lo bajo “-no podemos estar más elegantes que él, vaya y póngase sport nuevamente”. A los pocos segundos, John se excusó conmigo indicando que volvía en cinco minutos, desapareciendo por el ascensor. Cuando las puertas se cerraron, subí a mi habitación y me puse la camisa, corbata y saco que había traído por si acaso. Diez minutos después nos encontramos todos en la planta baja, Alberto había mudado a una vestimenta sport, casi se podía definirla como audaz, sin corbata ni nada que se le pareciera, yo estaba con mi remera sport y John Training, todo un lord inglés, bajó con un elegante ambo con una corbata de seda italiana muy vistosa, probablemente comprada en el free shop y estrenada antes de tiempo. Alberto Cursos empalideció  aún más ante la comprometida situación y se dirigió hacia el ascensor, no sin antes indicarle a John que tenía unos documentos en la habitación que quería discutir con él durante la cena, y susurrándome por lo bajo “-ya vengo, no se mueva y converse con John hasta que vuelva”. No pasaron cinco segundos, y John partía a su habitación con una excusa banal, dejándome solo y paralizado en el inmenso hall y con la duda hamletiana, ¿será con corbata o sin corbata?
Al rato, mi jefe Cursos, volvió a aparecerse ésta vez con un elegante traje que había traído para una ocasión que lo amerite, tratando de salvar su omisión a las reglas de etiqueta. No me había movido, conforme a instrucciones. No pasaron más de dos minutos y John Training se apareció nuevamente vestido de sport, apto para una cena informal, o para jugar un partido de golf. Alberto, con su rostro blanco como un papel sintió que no podía ofender a su jefe y colega, partió hacia los ascensores ya directamente sin dar excusas y haciendo un gesto con su mano que ni John ni yo pudimos descifrar. Por inercia y sin tener motivos específicos corrí hacia otro ascensor. Esto ya se estaba pareciendo más a una escena de los Hermanos Marx, que a los preparativos de una cena de trabajo. John dudó. Se dirigió dos veces hacia el ascensor, pero cuando se abrieron las puertas le pareció que iba a hacer lo incorrecto y se quedó. Hizo bien. Alberto bajó, ahora ya algo agitado, con su elegante sport, en coincidencia con la etiqueta de John. Aparecí unos segundos después aún con mi traje, ya que tuve la intuición, equivocada, que John iba a volver a subir y ponerse su traje. Me quité la corbata, la doblé en cuatro y la guardé en el bolsillo delantero izquierdo.
Los tres nos miramos, sonreímos, y salimos del hotel a buscar un restaurante que todavía estuviera abierto a esas horas. Había hambre.




Como extra a esta anécdota auténtica, incluyo una foto casualmente encontrada y que resume el relato publicado en la actualización anterior del blog, llamado “La mano de Dios”, cuya lectura aconsejo, y la presente anécdota. 

lunes, 6 de julio de 2015

LA MANO DE DIOS


¿Cuándo empieza el Mundial de una buena vez? No doy más. Estoy desesperado ¡Cuanto que falta todavía para que juegue Argentina con Bosnia! ¿Lo pondrá a Messi desde el principio, o lo guarda para la segunda fase? Total la primera la ganamos caminando, o no. ¡Ojo con Nigeria que son todos grandotes! Ya no aguanto. Ojalá pudiera viajar a Brasil. ¿Viajar a Brasil? ¿Con qué guita? Para eso tendría que laburar. Menos mal que a mis 55 años, la vieja me sigue bancando. Pero, un día voy a agarrar los clasificados y seguro que algo encuentro. Seguro, después del Mundial. Ya vi hoy tres partidos pedorros de la segunda división del  campeonato mexicano y no dan otro partido en la tele, hasta dentro de dos horas. ¿Qué hago hasta el 15 de junio? Me voy a ir a un rato a la plaza, que hay feria de cosas usadas, por ahí me compro alguna estupidez, y me distraigo un poco de tanto pensar en el Mundial.
-         ¡Vieja, salgo y en un rato vuelvo! ¡Esperame con el mate y unas tortas fritas!
Era una tarde ventosa y muy nublada, y la plaza estaba casi vacía. Los vendedores, por si acaso, seguían allí, con la esperanza de vender alguno de los cacharros de porquería que tenían. Unos tenedores oxidados, discos de pasta de Julio Sosa rayados, libros a los que le faltaba alguna tapa, un sifón de vidrio, una revista El Gráfico de 1975 (yo tengo la colección completa desde 1964 en adelante). Se podía encontrar cualquier cosa, menos algo que pudiera servir. Todo lo que les sobraba, allí estaba. Me detuve frente a un viejo, muy canoso, mucho pelo, cara rojiza y ojos celestes. Extranjero de acá hasta la China. Tenía unos platos de loza estampados, bastante ajados, y algo que me gustó, no sé porqué. Era un pingüino de litro, esos que se usaban en los bodegones para servir el vino. Me gustó. Se lo veía muy viejo y en no muy buen estado, pero me venía bien para el vinito del almuerzo y el de la cena, así no lo tomo directamente del tetrabrick. El viejo me dijo que la había traído de Rusia, que era una pieza única, rescatada de un palacio destruido durante la Segunda Guerra. ¿Toman en pingüino en Rusia? Me vio la cara. No me creí el cuento de la aristocracia rusa, pero como me gustaba, le peleé un poco el precio y me lo llevé.
Por la tarde me vi un partido del campeonato egipcio mientras me tomaba los mates que me traía la vieja, hasta que se hizo la hora de cenar. Era el momento de inaugurar mi pingüino. Estaba bastante sucio. La vieja me prestó una franela para limpiarlo, yo dale que dale frotándolo, mientras estaba con mis pensamientos. ¡Lo que fue el Mundial del 86! Y lo vi con mis ojos, los muchachos de la barra consiguieron unas entradas. Viajamos como 700 horas hasta México, dormíamos en las plazas. Yo seguía frotando cada vez más fuerte para sacarle lustre a mi pingüino. Lo que fue ese 2 de junio, con el debut frente a Corea del Sur. ¡Qué hermoso, lo que pagaría por volver a ese momento! Y algo sucedió... Me pareció que desde dentro del pingüino salió una voz que decía algo en otro idioma que yo no entendí, quedé envuelto en un humo, vi todo negro, me mareé, y un segundo después aparecí con mi pingüino y la franela de la vieja……en pleno estadio azteca del 2 de junio de 1986, en el instante mismo en que Valdano recibía una pelota de Garré. Unas gradas más abajo, me vi a mi mismo con los muchachos de la barra con los que había viajado. Era una locura. Me quedé viendo todo el partido, y me vi como festejaba yo el 3 a 1 con el que le ganamos a los coreanos. Esperé hasta el final. Me vi irme abrazado con Toto y el Negro. Entré a franelear el pingüino, mientras pensaba qué bueno sería volver a mi casita actual con la vieja.. Dicho y hecho. Unas palabras raras que salían del pingüino, un humo, vì todo negro y un instante después aparecí sentado en mi cama con mi pingüino. Tenía que ser un sueño. Lo intento de nuevo. Entro a franelear el pingüino mientras pienso que me gustaría viajar al estadio de México el 5 de junio de 1986, y allí aparezco. Me veo el empate 1 a 1 con Italia. Como si estuviera pasando cuando lo vi en vivo y en directo, solo que ahora estoy con mi pingüino y me veo a mi mismo sufriendo en las gradas. Volvì a mi cuarto de ahora.
La vieja no me ve. Sé en qué lata de la cocina guarda los dólares que fue juntando uno por uno durante los últimos cuarenta años, desde que el viejo se largó. Total van a ser mi herencia. Son 328 dólares. Franeleo y aparezco en México un rato antes del partido con Bulgaria. Voy por las calles tratando de no encontrarme conmigo mismo. Me meto en un local de apuestas. Me juego todos los dólares de la vieja a que Argentina gana 2 a 0. Vuelvo a mi casa y le compro a la vieja una heladera nueva y el microondas. La vieja piensa que robé un banco o vendo droga. No entiende nada. La tranquilizo. Franeleo al pingüino, y me voy de vuelta un rato antes del partido contra Uruguay. Ya me llevo como US$ 10.000. Le compro lavarropas y un aire para el dormitorio. Le digo que conseguí un buen laburo y se queda tranquila.

Franeleo y aparezco con mi pingüino el 22 de junio de 1986 por la mañana. Las apuestas son 7 a 1 si Argentina le gana a Inglaterra. Apuesto todo y me voy al estadio, evitándome a mí mismo. Me quedo viendo a Diego y su “Mano de Dios” en el primer gol. Los ingleses se lo quieren comer. Jand, Jand, dicen. ¡Ma`que jand! Goles son amores y a cobrar se ha dicho. Ganamos 2 a 1. Vuelvo a hoy y me compro todas pilchas nuevas en la mejor sastrería del shopping. Parezco Brad Pitt. Me voy directo para la final del 29 de junio. Apuesto todo por un 3 a 2 contra Alemania. Grito cada gol como si no supiera, casi rompo el pingüino en los festejos. Al volver, me compro un departamento de 4 ambientes. A mi vieja le cuesta creerlo.
Volví un par de veces más para el Mundial 90 de Italia. Me vi en vivo los partidos que había visto solo en la tele, y aposté lo suficiente para tener mi primer palo verde. Lástima que salimos subcampeones Franeleando retorné con mi pingüino al Mundial 94 de Estados Unidos y gané en las apuestas más de lo que podía gastar en varias vidas.
Los muchachos de la barra no pueden creer que los invité al Mundial de Brasil en un vuelo charter, hotel 5 estrellas, entradas en platea preferencial y unas salidas con garotas de catálogo para los días que no estamos concentrados para los partidos.

Sigo tomando mi vino en el pingüino. Ahora son cosechas especiales traídas de Francia. Nunca supe en qué idioma me habla el genio que se oculta adentro, pero no tiene importancia. La vieja, la vieja, ya no pregunta más. Está chocha con su lavavajillas nuevo.

martes, 23 de junio de 2015

EL PASADO DEL FUTURO – CAPITULO II


 ¡ALTO! Si usted no ha leído el CAPITULO I de  EL PASADO DEL FUTURO, le sugiero que detenga su lectura y no siga adelante. En la parte derecha del Blog aparecen las entradas anteriores, busque el CAPITULO I, léalo y vuelva para aquí una vez terminado. Aproveche para leer las anécdotas que todavía no leyó.
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Muy bien. Si usted está leyendo esto, es que ya leyó previamente el CAPITULO I, y si no lo hizo, es su problema. Aquí vamos. Pasaron algunos años, pero lo recuerdo como si fuera hoy…………………….


………………………………………………..Desperté muy mareado, con hambre, con mucho cansancio y dolor en todos los huesos Veía todo nublado y me costaba mucho enfocar mi vista. Estaba en una cama y sentía que tenía mi cuerpo enchufado a varios monitores y aparatos para mi desconocidos, que vaya a saber lo que me estaban controlando. Poco a poco pude ver que estaba rodeado de gente extraña, con guardapolvos, serios, que se miraban entre ellos y me observaban con rostros de quién viera un resucitado.

- ¡Bienvenido al mundo de los vivos! -Me saludó el que parecía ser uno de los jefes.
-¿Puede entenderme? ¿Cómo se siente? ¿Recuerda algo? ¿Sabe lo que le sucedió? ¿Tiene idea de qué día es hoy?

- ¿Qué pasa? ¿Por qué tantas preguntas? ¿Cuando me fui de aquí? ¿Por qué me pregunta sobre el día de hoy? ¿Estuve dormido más de un día? ¿Por qué me miran así? ¿Qué pasa?

- No se ponga muy nervioso Daniel, pero hoy es 30 de diciembre de 2012. Escuchó bien, 2012.

No sabía si desmayarme, alegrarme o qué. Simplemente, me quedé mudo. Quería saber lo que tenían para decirme de mi mismo. Los médicos me contaron emocionados que, aparentemente, mientras me encontraba realizando un inventario de pescado en una factoría para exportación, me había quedado congelado dentro de la cámara de 60º bajo cero, hacía ya casi 30 años. Poco a poco mi cuerpo se fue incorporando al hielo eterno que hay en el fondo de la cámara, lugar que por lo general nunca la usaban para estibar productos, nadie me detectó durante todos esos años, hasta que a principios de éste diciembre habían decidido hacerle un mantenimiento general a la cámara, por lo que comenzaron un proceso de descongelamiento. Y allí fue que aparecí, alguien me encontró formando parte de un bloque de hielo desde 1983. Hubo un gran revuelo y muchas discusiones sobre cómo convenía revivirme. 

Decidieron primero enviarme a una cámara de menos veinte grados, unos días después me trajeron al hospital donde me mantuvieron unas dos semanas en la heladera gigante de la cocina, donde guardaban las media reses, y luego me sumergieron en una bañadera en la que lentamente le fueron calentando el agua, hasta llegar a una temperatura normalizada. Finalmente, me pasaron a una habitación, y allí me tenían en observación permanente, sin demasiadas esperanzas de que despertara. Era milagroso, pero lo había logrado.


Ahí mismo, los médicos y enfermeras que me atendían, hicieron una especie de “pacto de silencio” para no filtrar esta noticia a la prensa, así podía tener una vida “normal”, si es que después de dormir 30 años podría seguir mi vida como si nada hubiera pasado. Demasiada información junta como para poder procesarla, una verdadera locura, pero allí estaba, vivito y coleando.

Luego de estar viendo exclusivamente a un desfile de médicos que no paraban de hacerme preguntas y pruebas, entró por primera vez alguien “de civil”. De estatura normal, anteojos, levemente canoso y con emoción en su voz, se presentó.

-Hola, Daniel. Soy Lionel Devengado, te doy la bienvenida y te invito a reincorporarte a Devengados y Asociados. ¡Estamos felices de tenerte de vuelta!

-Cuando quedé congelado, el jefe era el viejo, perdón, digo Don Diego Devengado.

-Soy su hijo, y ahora estoy yo a cargo. Y si queres trabajar con nosotros, sería un gusto reincorporarte a tu mismo puesto.

-¿Me pagarán todos los sueldos que no cobré durante estos 30 años?

-Tal vez debieras buscarte otro trabajo.

-Ok, Ok, era solo una broma

- Bien, los médicos dicen que en alrededor de un mes, luego de tu rehabilitación, te estarán dando el alta. Así que, dentro de cuatro semanas te esperamos en nuestras  oficinas de Puerto Madero, que ahora también son tus oficinas.

- ¿Puerto Madero? ¿Se mudó la oficina a una zona de basurales y galpones abandonados?

- Ha cambiado un poco la zona desde que te congelaste. Ya lo verás. Nos vemos, Daniel. Y venite con ganas de trabajar, que hace como 30 años que no haces nada

- Ok, Lionel. Nos vemos dentro de un mes.


………….………(CONTINUARÁ)