jueves, 23 de mayo de 2019

PLUMAS PESADAS



1977 o 1978. Pleno gobierno militar en Argentina. Nos (tenía un asistente que denominaremos Alberto) tocó trabajar en una auditoria operativa de una empresa ubicada a unos 85 Km de Buenos Aires. La zona era especialmente “roja”, debido a actividades que la guerrilla había allí desplegado, por lo que existía una fuerte presencia militar y policial en todos los caminos.

Para ejecutar ese trabajo Alberto y yo viajábamos todos los días en mi auto hasta las oficinas del cliente. Estábamos acostumbrados a las detenciones  en la ruta. Mostrar documentos de identidad, explicar hacia donde nos dirigíamos. Una mirada al baúl y la mejor cara de “chicos buenos”, nos permitieron siempre seguir hacia nuestro destino.
Ese día, algo cambió en la rutina. Cuando pasé a buscarlo muy temprano al muy somnoliento Alberto, que había estado “de parranda” la noche anterior, se apareció con una voluminosa jaula con dos palomas adentro. Ante mi lógica consulta, mi compañero me comentó que un amigo suyo era criador de palomas mensajeras, y que le solicitó llevarla consigo para soltarlas cerca de la empresa, como forma de entrenamiento (eran 85 Km) ya que pronto iban a participar en una competencia. Por supuesto, y sin pensarlo demasiado, le dije que no veía ningún problema en hacerlo.

Pusimos la jaula en la baulera del auto y emprendimos nuestro camino a nuestra asignación. Aproximadamente en el Km40 unos policías nos hicieron la señal de detención. Era un control rutinario, exhibimos nuestros documentos y los del auto, y mientras estábamos en el trámite, Alberto y yo comenzamos a escuchar (o eso nos parecía) a las palomas haciendo su sonido característico desde su ubicación en la baulera. Nos pusimos muy nerviosos mientras seguíamos con los trámites. Afortunadamente, los policías no los habían escuchado. Respiramos aliviados, la explicación hubiera sido complicada. Pudimos continuar sin problemas

No por mucho tiempo. 


Poco antes de llegar a la empresa, nos desviamos por un camino secundario, más apto para liberar a las palomas. Íbamos recorriendo dicho camino y Alberto me pidió que nos detuviéramos. Frenamos, nos bajamos y abrimos el baúl, mi compañero sacó la jaula, abrió la puertita, y en el exacto momento en que introdujo su mano y las tomó, de la nada surgieron dos soldados y un oficial y nos apuntaron con sus armas. Uno de ellos gritó:
—¡Suelte las palomas!

Alberto entendió que la orden era de soltarlas, las extrajo y las liberó.
—¡Le dije que las suelte, que las deje, que no las toque!
Ante el hecho de que las palomas escapaban, los soldados comenzaron a dispararles para detener su huida, afortunadamente sin dar en el blanco. Las palomas subieron, dieron algunas vueltas hasta orientarse y se dirigieron a, vaya a saber hacia dónde.
—Eran palomas mensajeras, ví que tenían un tubito en la pata. ¿Qué mensaje secreto llevaban? —indagaron los descreídos militares.
—Ninguno. Supongo tendría la dirección de su palomar.
—¿Los datos para un futuro ataque?
—Son palomas mansas, no atacan a nadie.

Pequeña nota del editor: Tener en cuenta que para esa época no existían los celulares, mails, Instagram ni Skype, y una paloma mensajera era lo más avanzado en comunicación inalámbrica a larga distancia.

—¿Planes para un secuestro?
—Para nada.
—¿Tenía los nombres de la cúpula de su organización?
—Ninguno.
—¿Datos sobre armas?
—No.
—Los encontramos “in fraganti”, en un lugar solitario, enviando mensajes secretos. Vamos a detenerlos hasta tanto sepamos quiénes son realmente.
—¡No! ¡No! ¡No! —gritaba mi compañero al despertarse abruptamente en el asiento del acompañante.
—¡Despertate Alberto, dejá de gritar! ¿Qué pesadilla tenías?
—Nada, nada. Larguemos las palomas de una buena vez.

Abrimos el baúl, sacamos la jaula y Alberto liberó a las palomas mensajeras del amigo de mi compañero. Subieron, dieron unas vueltas, y  se dirigieron hacia algún lugar. Tal vez, a su palomar.
                                          

Inspirado en una anécdota laboral contribuida gentilmente por un amigo.

miércoles, 20 de febrero de 2019

LA TORRE DE BABEL III



Si usted está leyendo el presente relato y no ha leído previamente  LA TORRE DE BABEL y la TORRE DE BABEL II, sugiero les honre con un vistazo previo antes de zambullirse en el presente relato. Le será de utilidad.

Confío en que si ha llegado hasta aquí ya tiene el contexto de la situación. Paso a los hechos.

Luego de las bromas en japonés y en idish al año siguiente, ya no había lugar para la sorpresa. Además, llegó la etapa de promociones. El gerente de auditoría pasó a ser socio, yo pasé de senior a supervisor y el asistente se convirtió en senior. El socio a cargo de la asignación cedió su responsabilidad al nuevo socio, por lo que las bromas idiomáticas quedaron suspendidas en el cliente.

Con los años, roté de clientela y tuve otras funciones. El tiempo pasaba, pero persistía la expectativa de las bromas idiomáticas consensuadas con el socio. Así recuerdo haberle enviado una copia de un relato extraído de un texto escolar en Francés indicando que era la minuta de una reunión con un cliente de una industrial francés a la que habíamos asistido; o, adjuntarle una invitación de un congreso petrolero escrita en Ruso señalando que contenía ideas para unos folletos que él debía preparar; o una factura escrita en chino que había tomado de un curso solicitando que me aprobara el gasto. Siempre había algo que enviarle y que pudiera dibujarle una sonrisa. Varios años después me fui de la firma detrás de otros desafíos profesionales. Al no trabajar en la misma empresa, las bromas cesaron completamente. O casi….

Transcurrieron varios años más. El socio seguía siendo socio del estudio, y yo trabajaba en una empresa dedicada a evaluar inversiones en empresas. Un día mi jefe trajo a mi escritorio unos diez cuadernillos de Memorias y Balances que él había recibido de diversas entidades financieras del exterior, para visualizar y extraer algunas ideas útiles para un futuro cuadernillo de nuestra empresa. Entre esos ejemplares se incluía el de una entidad árabe. Y lo curioso era que estaba íntegramente escrito en árabe, la Opinión del Auditor, los estados financieros (cifras también en caracteres árabes), las notas a los EEFF, anexos y la propia Memoria del Directorio y gráficos.


Era demasiada tentación como para dejarlo así y no aprovecharlo. Y no quedó así….Le envié un mail al socio diciendo algo así como: “Solo la amistad que tenemos desde hace muchos años me permite solicitarte semejante favor. Como sabes, en mi trabajo evaluamos empresas, y sobre la base de distintas informaciones calculamos su rentabilidad futura esperada y le calculamos un valor posible sobre la base de flujos futuros de fondos. Ahora me ha tocado evaluar un proyecto especial. Se trata de la compra de una planta desalinizadora de agua de mar en Kuwait. La empresa es “Arab clear water” El problema es que la única información que tenemos es la que pueda emerger de los últimos estados contables auditados de la empresa titular de la planta. Tenemos muy poco tiempo para decidir la compra y estamos compitiendo contra otros fondos internacionales. Si te parece aceptable, mi idea es enviarte mañana en un sobre “Privado y confidencial” a tu nombre, una copia de los estados contables y pedirte que basado en tu amplia experiencia en revisar estados financieros y evaluar empresas, me des tu sincera e independiente opinión sobre como ves a “Arab clear water”. Sería de tremenda ayuda."


Yo ya hice mi análisis, pero no quiero “contaminarte” con mi opinión.
Desde ya, esto es absolutamente confidencial, y nadie tiene que saber que te proporcioné ésta documentación, ni que te hice una consulta. Hago esto porque sé que puedo confiar en vos y tu discreción.


Al rato, recibí un mail del socio indicándome que por supuesto le envíe el sobre con los estados contables, que los analizaría personalmente y me daría sus conclusiones.

Efectivamente, al día siguiente introduje los estados contables impresos exclusivamente en árabe dentro de un sobre dirigido al socio y caratulado como “Privado y confidencial, solo para ser abierto por el destinatario” y lo envié a su oficina.

Transcurrió muy poco tiempo y el socio me llamó por teléfono riendo e indicándome que “No lo puedo creer, pasaron más de veinte años desde que me hiciste la primera broma, y todavía me las sigo creyendo!”.


Sé que ya no hay chance alguna de lograr que el socio no considere, como mínimo “sospechoso” a cualquier mensaje que reciba de parte mía. Fue bueno, mientras duró.


jueves, 29 de noviembre de 2018

LA TORRE DE BABEL II



Recomiendo enfáticamente a todos aquellos que están leyendo éstas palabras, y que no han leído previamente  LA TORRE DE BABEL, relato publicado en el número anterior de este blog, lo hagan antes de ponerse a leer la parte II, a riesgo de no entender lo que está sucediendo en este nuevo relato contable. 

Asumiendo que los lectores le hayan hecho caso a la recomendación, paso a los hechos.
Luego del “escándalo japonés” del año anterior, estaba clarísimo que para la auditoría del año siguiente habría una tremenda expectativa del socio de la firma, del gerente a cargo de la asignación y de todos los que se habían enterado de lo sucedido doce meses atrás, de que nuevamente “algo raro", indebido apareciera en los papeles de trabajo. Era una extraña responsabilidad. Todo el mundo esperaba de mí que actuara incorrectamente a sabiendas, que agregara una mentira en el legajo y, pese a eso, tenía que hacerlo.

El trabajo de auditoría se realizó sin sobresaltos. Le empresa tenía muy buenos controles y estaba bien ordenada. Se acercaba la fecha de la “visita oficial” del socio para ver los temas principales con el gerente a cargo de la asignación y conmigo, tener una reunión formal con el gerente general del cliente y dar el cierre a la auditoría. Esa reunión con el gerente general, me dio la idea de la siguiente “maldad”.

Al igual que en el año anterior, en los papeles de trabajo manuales, en el legajo resumen de la auditoría se incluía, entre otra documentación, una página llamada “Puntos de atención para el socio y gerente”, donde el encargado de trabajo (yo, en ese momento) enumeraba los temas más importantes de la auditoria y especialmente aquellos que por su importancia o complejidad eran clave que el gerente y el socio los leyeran para poder tener sus conclusiones y ver cómo afectaban la auditoría. Fue en esa sección que incluí, como si fuera un comentario más del trabajo, un punto que denominé “Minuta reunión mantenida con el gerente general”, tras lo cuál informaba algo así:

“En el día tal, el gerente general del cliente me convocó a una reunión privada en su oficina. Durante el transcurso de la misma me informó sobre varios temas que podían ser de nuestro interés en la auditoria. Entre ellos:    
     Discontinuación de la fabricación del producto principal de la empresa.
-       Venta del inmueble de la fábrica.
-       Cambio inmediato de auditores externos.
-       Demoras en la reposición de las fichas de la máquina de café
-       Quiebra del cliente con mayor saldo.
-       Cambios en varias políticas contables.
-       Destrucción de tres maquinarias por efectos de sabotaje.

Debido a la importancia de los temas, y la confidencialidad de los mismos, el gerente general solicitó preparar él mismo la minuta de la reunión, y que la misma fuera redactada en idish. Se adjunta la misma para conocimiento del socio y gerente a cargo.”

A continuación yo había pegado unos recortes de un diario en Idish, simulando que esos fueran la minuta secreta. Y así quedó. 



Llegó el “gran día” en que el gerente y el socio a cargo vinieron a las oficinas del cliente para las formalidades del cierre de la auditoria anual. El socio no esperó a que el gerente examinara los papeles de trabajo y la sección “Puntos de atención para el socio y gerente”. Directamente se “zambulló” en los legajos hasta que encontró lo que estaba buscando y sabía que encontraría

Esta vez no hubo sorpresa, tras una carcajada, el socio arrancó del legajo la hoja que le interesaba compartir con sus colegas, con la supuesta minuta con los temas delicados, y me cuestionó al decirme “Ves, después no sabemos porqué nos excedemos en las horas, si te la pasas preparando estas cosas”.

La situación fluyó de una manera más tranquila que la del año anterior, e indudablemente dejaron el camino abierto a nuevas bromas, que por supuesto llegarían. Ya tendría tiempo de pensar cuál podría ser el "Punto de atención" del año siguiente. Mientras tanto, al igual que Marlon Brando y por si acaso, habría que ir practicando Idish.

jueves, 23 de agosto de 2018

LA TORRE DE BABEL


Ocurrió durante la auditoria de una empresa industrial argentina que utilizaba materias primas provenientes de Japón para una de sus líneas. Yo era el encargado de trabajo, primera vez en ese cliente, y solicité, como está previsto en los procedimientos, la confirmación de saldos del proveedor japonés. Al poco tiempo recibimos un sobre con la respuesta que contenía la confirmación escrita en inglés con la cifra adeudada en Yenes, copia de la factura que componía el saldo, copia del packing list de la factura y una hoja escrita íntegramente en japonés excepto el nombre del comprador en nuestro alfabeto latino y la cifra.



Con toda la documentación recibida y la revisión “in situ” de una empresa con muy buenos controles, teníamos suficientes elementos para dar conformidad al saldo de ese proveedor. Pero………esa hoja en japonés con el nombre del cliente era muy tentadora como para dejarlo pasar así como así. Eso ameritaba generar algo especial en los papeles de trabajo que el socio del estudio iba seguramente a leer. Es importante para los hechos que voy a relatar saber que, si bien era mi primera vez en ese cliente, el gerente del estudio me conocía hacía varios años y había trabajado conmigo en ese y varios otros clientes. En cambio, era la primera vez que el socio a cargo trabajaba conmigo. No me conocía el tipo de bromas que yo podría llegar a hacer.

En esas épocas de papeles de trabajo manuales, en el legajo resumen de la auditoría, se incluía entre otra documentación, una página llamada “Puntos de atención para el socio y gerente”, donde el encargado de trabajo (yo, en ese momento) enumeraba los temas más importantes de la auditoria y especialmente aquellos que por su importancia o complejidad eran clave que el gerente y el socio los leyeran para poder tener sus conclusiones y ver cómo afectaban la auditoría. Fue en esa sección que incluí, como si fuera un comentario más del trabajo, un punto que denominé “Contestación recibida del principal proveedor del exterior” y a continuación decía (palabra más, palabra menos): “A continuación adjunto la confirmación de saldos recibida del principal proveedor del exterior, que representa un 85% del saldo de proveedores del exterior y un 60% de todo el saldo de proveedores de la empresa y que, como ha venido escrita íntegramente en idioma japonés, no hemos podido conocer su contenido. He subrayado los únicos términos que pude comprender y confío que por la experiencia del gerente y socio con el cliente, podrán fácilmente traducir el resto. En caso contrario, y por la materialidad de los saldos involucrados, nuestra Opinión de auditoría debería ser una abstención de opinión por una limitación al alcance por la falta de evidencia de auditoria, que no pudimos tampoco conseguir por otros medios.” Decir eso, es de suma gravedad en la relación auditor/auditado. A continuación incluía la carta escrita íntegramente en japonés donde solo estaban subrayadas las dos veces que se mencionaba en nuestro alfabeto el nombre del cliente. Y nada más.

Llegó el “gran día” en que el gerente y el socio a cargo vinieron a las oficinas del cliente para las formalidades del cierre de la auditoria anual. El gerente se puso a ojear el Legajo resumen de la auditoria, y con más interés leyó los Puntos de atención. Cuando llegó al punto de la confirmación del proveedor japonés, me miró, esbozó una sonrisa cómplice, firmó y le paso el legajo al socio. Pero en el momento en que éste último se encontró con el “fatídico” comentario, su rostro se transfiguró, arrancó la hoja y me dijo muy enojado: “¡Cómo vas a poner en los papeles de trabajo algo así, sin buscar la forma de solucionarlo! Enviá un fax de inmediato diciendo: Please, answer in english, urgently”

El gerente, al ver la reacción del socio, comenzó a dudar él mismo y me preguntó con rostro preocupado “¿Daniel, esto es una broma, verdad?” Con un movimiento positivo de mi cabeza le ratifiqué que efectivamente se trataba de una humorada. El socio pasó desde el enojo diciéndome “¿Vos estás loco? ¿Cómo le vas a hacer una broma así a un socio que no conoces y que no te conoce?”, a la carcajada, indicándome “está buenísimo, me llevo la hoja para comentarla en la reunión de socios”, y finalmente con rostro muy serio, se me acercó y dijo casi susurrándome: “Estuvo buena, pero esperá mi respuesta”.


Moraleja: Si vas a decirle algo en broma a un desconocido, pregúntate a ti mismo ¿Qué es lo peor que puede pasar?

sábado, 16 de junio de 2018

EL PELOTAZO


Carlos había esperado toda su vida para ese exacto momento. A sus 11 años, tener la responsabilidad de patear el tiro libre para vencer de una vez al temido 6to A frente a toda la escuela, era la máxima aspiración de un jugador “patadura”, como era considerado por el resto de sus compañeros. Se lo debían. Gracias a su creatividad al escribir el relato para el certamen escolar, su equipo había salido primero, y eso implicaba ser premiados con cuatro recreos extendidos y  galletitas de chocolate para todo el grado. A cambio, solo les pidió a los compañeros que lo dejasen patear un tiro libre en un momento clave del partido, si es que llegaban a la final. Ese era el momento. Su oportunidad de demostrarle a todos, especialmente a su hermosa compañera Pamela, que estaba presenciando el partido, que él podía hacerlo y que no era un jugador mediocre. El silencio era absoluto. Colocó con sus manos la pelota aproximadamente en el lugar donde el defensor de 6toA había cometido la falta. Retrocedió unos cuatro metros para tomar impulso. No era suficiente, retrocedió unos cinco metros más. No volaba una mosca. Si quería patear potentemente, tenía que tomar más carrera, retrocedió unos tres metros más. Todos los ojos estaban fijos en él. No podía fallar, tenía que ser un tiro histórico. Por si acaso, retrocedió otros ocho metros y se dio por satisfecho. Trazó mentalmente una trayectoria entre la pelota y el ángulo superior izquierdo del arco. Imposible atajarla. Era ahora o nunca. Comenzó a correr hacia la pelota, cada metro se aceleraba más y más, llegó hasta el balón hecho una tromba humana, y pateó con todas sus fuerzas.


La pelota salió despedida con un impulso desproporcionado, ante la mirada atónita de propios, rivales y espectadores, se elevó por el aire rozando el travesaño enemigo, siguió elevándose y pasó por arriba de la medianera de la escuela mientras continuaba subiendo. A los pocos segundos se elevaba por arriba de la ciudad de Buenos Aires y se dirigía rumbo a la costa. Los bañistas de Mar del Plata, la divisaron pensando que era una pelota perdida de jugadores playeros. Se dirigió hacia el océano. El viento con olor salado acariciaba el esférico que se mezclaba entre las inmensas bandadas de pájaros que volaban, hasta ese momento, en perfecta formación, generando tremendos desparramos y desorientaciones. Algunos marineros de barcos mercantes que iban entre Europa y Sudamérica, vieron cosas raras en el cielo, pero los capitanes pensaron que se habían emborrachado, los castigaron y les pidieron que se dejaran de hablar estupideces. Tras cruzar el Atlántico, la pelota llegó al África. Los elefantes, jirafas y leones la miraban sin entender de qué se trataba. Siguió volando hacia el este, y pasó por arriba de una planicie, donde vivían dos tribus que estaban en guerra permanente desde hacía generaciones. Estaban en una de sus batallas semanales, cuando observaron en el cielo ese objeto esférico, al que confundieron con un mensaje de un Dios desconocido. Si los Dioses los vinieron a visitar, era seguramente para advertirles que no peleen más. Y no se pelearon más.  La pelota cruzó África, e ingresó a Asia, pasando por los inmensos desiertos de Arabia Saudita y por sobre las cabezas de las caravanas de camellos. Cuando pasó por la Gran Muralla China, los miles de turistas la confundieron con un OVNI, y unos científicos oportunistas escribieron luego un libro titulado “OVNIS sobre las murallas”, con gran éxito editorial. Al sobrevolar Japón, unos samuráis intentaron cortar con sus espadas al objeto volador, pero afortunadamente iba suficientemente alto. Voló causando estupor por todo el océano Pacífico, entró por Chile, los vientos la ayudaron a cruzar la alta Cordillera, e ingresó nuevamente a Argentina, llegó a Buenos Aires y entró a la escuela pasando por arriba del travesaño del arco propio, y por sobre las cabezas de todos los jugadores que no podían creer lo que veían, cruzó toda la cancha y se clavó en el ángulo superior izquierdo, precisamente allí donde había planeado meterla. Golazo.

El Juez pitó el final del partido decretando la victoria de 6to B, su 6to. Fue apoteótico, todos los jugadores lo abrazaron hasta casi asfixiarlo. Se dirigió resuelto hacia Pamela, que le estaba sonriendo al costado de la cancha, ella lo abrazó y le dio un besote en cada mejilla. Era feliz y……………

—¡Y, boludo!, ¿Estás dormido? ¿En qué estás pensando? ¡Patea de una buena vez el tiro libre! ¡Dale! ¡Dale!

martes, 15 de mayo de 2018

TRANQUILO, QUE NO PASA NADA


Para esa  época, yo era un supervisor recién ascendido, con poca experiencia. Pese a eso, en un acto de extrema confianza, un gerente “pesado” me designó como su suplente durante sus merecidas vacaciones. Estaba previsto que todos los gerentes y socios designaran para cada uno de sus clientes un suplente para ausencias de más de un día, sea o no que se espere que existan temas para hacer seguimiento en la ausencia. Por lo general, la asignación recaía en un colega que ya tuviera un conocimiento específico anterior del cliente y de sus funcionarios. No era éste el caso. No había prestado servicios en éste cliente (una empresa multinacional croata –se ha modificado el país a efectos del Blog) en ninguna categoría, bajo ningún concepto y desconocía completamente a la Gerencia de la empresa.

Cuando el gerente emitió su memo de ausencia con la distribución de su cartera de clientes, le remarqué la circunstancia, pero él me contestó en forma muy segura “Tranquilo, que no pasa nada”. No había ningún vencimiento, ni ningún tema pendiente que pudiera molestarme en su período de vacaciones. Absolutamente nada para preocuparse.

El lunes siguiente, primer día de la semana laboral y primer día de receso de mi experimentado colega, su secretaria que tenía la lista de distribución de clientes en ausencia, me contactó y consultó:

-       Vos estás a cargo estas dos semanas del cliente Zagreb (nombre ficticio utilizado para el Blog)?”
-          Si. ¿Sucede algo? –pregunté tímidamente.
        Llama el Controller y cuando le dije que el gerente estaba de vacaciones, pidió hablar con urgencia con su reemplazante.
-            Pasame la llamada –dije en un tono que intentaba demostrar seguridad y resolución.
-          Hola. Soy Rakitic I (nombre ficticio utilizado para el Blog). Señor Daniel, necesitamos que su estudio nos emita hoy mismo un certificado.
-          Con gusto. ¿De qué se trata?
      Requerimos que nos certifique que el miércoles 27 del próximo mes pagaremos unas importaciones de maquinarias y gastos intercompany por US$ 1.200.000 (la cifra también es ficticia, simplemente porque no me acuerdo la real).
-          Me temo que no podremos emitir tal certificado, -contesté con cierto temblor en la voz.
-          ¿Cómo que no puede emitir el certificado.      
  —  Nos es imposible certificar un hecho futuro semejante. Una vez que hagan el pago podremos sin problemas certificar la fecha, banco, importe, concepto. Etcétera, pero lo otro, no. Ahora podemos certificar la registración contable del pasivo, los datos de la factura, pero no la fecha en que va a ser abonada –trate de persuadirlo.   
    —    Pero, de mi casa matriz me exigen ese certificado, y si ellos lo piden, es porque Ustedes (remarcado) pueden y tienen que emitirlo.

-      Desconozco lo que le informaron desde su casa matriz, pero no pueden pretender que certifiquemos ahora hechos que pueden o no suceder en una fecha futura desconocida, aunque sea el miércoles del próximo mes. Necesitaríamos tener documentación que respalde esa afirmación sobre lo que se hará en el futuro. Lo siento.
-       Voy a tener que informar esto al Gerente General. No es la forma en que se trata a un cliente como nosotros, y le avisaré al socio y al gerente del estudio  –dijo el Controller en una forma tal para que me sintiese agraviado.
-     No pretendo incomodarlos, pero técnicamente no podemos satisfacer ese pedido. Y si usted quiere hablar con el socio (que también había salido unos días y no había dejado reemplazo para éste cliente, ya que “no pasaba nada” durante los días de ausencia) o con el gerente, por supuesto que es libre de hacerlo.Escuché un “click” cuando cortaron del otro lado. Quince minutos después recibí la llamada del Gerente General, Rakitic II.


-          Me acaba de informar Rakitic I que Usted se niega a emitir el certificado que le estamos solicitando para nuestra casa matriz.
     De modo alguno me he negado a la emisión del certificado, Sr Rakitic II. Lo que le expliqué al Sr. Rakitic I, es que nos es imposible emitir un certificado afirmando algo que aún no ha acontecido. Podremos hacerlo con gusto una vez que se haga el pago –le comenté tratando de ser amigable.
-          Eso ya no nos serviría. Casa matriz necesita otra cosa. Voy a tener que llamarlo al socio y al gerente (¡Qué manía de llamarlos!). Espere en línea que lo contactaré al Controller mundial.
     A continuación escuché la voz de Rakitic II hablando en croata (eso supuse yo) con su jefe en Casa Matriz, la charla, que se adivinaba agitada, no me dio demasiadas pautas de lo que se venía, considerando mi nulo conocimiento del croata. Luego de esos intercambios de palabras, me avisó que me transferiría la llamada directamente con Rakitic III (nombre ficticio como todos los demás). El diálogo fue similar a los otros dos anteriores con una parte presionando para que emitamos un certificado que no podíamos emitir, y la otra tratando de explicar la imposibilidad de certificar que la empresa va a efectuar un pago en una fecha futura, y ofreciendo certificar lo que se podía afirmar. No hubo caso, luego de amenazar con llamar al socio y al gerente (ya me había acostumbrado), cortaron la comunicación.
    
    Cumplieron. Lo llamaron al gerente al lugar donde vacacionaba y, afortunadamente para el mantenimiento de mi cabeza en su lugar, mantuvieron mi postura y acordaron en emitir un certificado con lo que se podía soportar documentalmente y verificar.  En años siguientes seguí reemplazando a ese gerente en sus clientes durante sus ausencias.

     Conclusión: Cuidado cuando les asignen una responsabilidad mientras simultáneamente les dicen “Tranquilo, que no pasa nada”. Averigüen primero.


domingo, 18 de marzo de 2018

¿COMO ERA QUE SE LLAMABA?



Nuevos asistentes se habían incorporado recientemente al estudio de auditoría donde yo trabajaba. No sabíamos si se trataba de un tema generacional, genético o una mera casualidad, pero los tres jóvenes coincidían en tener una personalidad  tal que podrían calificarse como soberbios, arrogantes, presuntuosos o simplemente, engreídos.
Los encargados de trabajo percibieron esos rasgos y, ni cortos ni perezosos decidieron que había que hacer “algo” para tratar de que no se consideraran unos “winners” y trataran mal al personal del cliente y a sus compañeros. Algunas inocentes bromas se prepararon y planearon entre los distintos encargados. Aquí van algunas que aún recuerdo.

Asistente N°1. A efectos de resguardar a los involucradoslos nombres de los asistentes, y de los encargados se omitirán en este relato.

En la oficina del cliente donde se hacía la auditoría mantenían los dos ejemplares muy voluminosos de la Guía telefónica de la Capital Federal, más el ejemplar de las Páginas amarillas (los muy jóvenes pueden preguntarle a los adultos cercanos respecto al volumen y peso de esos ejemplares).  El encargado solicitó a la gente de Correspondencia que le hiciera un enorme paquete con papel de envolver con los tres volúmenes, rodeándolo de sogas para que no se desmantelara. En ese paquete hizo colocar una etiqueta con los datos de un encargado que estaba realizando una auditoria en la otra punta de la ciudad, y con el que previamente habían hecho ciertos acuerdos. Se le explicó a Asistente N°1 que tenía que llevar rápidamente ese paquete con documentación (por supuesto sin revelarle el contenido) a la dirección del otro cliente, donde lo esperaba el encargado. Se le aclaró que no había posibilidad de pagarle taxi, debido a que el cliente no reconocía gastos de traslados, por lo que tendría que llevar el muy pesado paquete viajando con dos buses ya que no había ninguno directo.

No muy bien dispuesto a tener que realizar un trabajo que consideraba inferior, casi humillante, sabía que debía aceptarlo por ser su primera asignación. Alzó como pudo el paquete y se dirigió en un caluroso día a la parada de micro. Hizo todo el trayecto y aproximadamente 90 minutos después se presentó, agotado, ante el encargado de auditoría del otro cliente.
—¿Trajiste el paquete? Buenísimo, lo estaba necesitando con urgencia. Te agradezco.
Dicho esto, el encargado abrió el paquete frente a los azorados ojos del Asistente N°1, tomó en sus manos la Guía telefónica, la abrió y comenzó a hojearla frenéticamente de un lado a otro, murmurando algún “¿Cómo era que se llamaba?”, hasta que se detuvo en una página cualquiera, exclamó un “¡A éste lo estaba buscando”  y escribió en un papel los datos de una persona y su número telefónico. Volvió a envolver las tres guías y se las dio al Asistente N°1 aclarándole “Listo, ya podés llevársela de vuelta al encargado que me las mandó”.

Asistente N°2.

El asistente tenía que viajar esa tarde para una auditoría en Mendoza. Trajo su valija a la oficina para tener todo listo para ir al aeropuerto directamente. Les habían asignado una oficina que contenía en su decoración un cuadro de unos 75 x 50 cm con un motivo marítimo, o algo así. En un momento en que Asistente N°2 salió para ir al baño, el cuadro fue descolgado e introducido en su equipaje que, convenientemente, no había cerrado con candado. La obra pictórica abarcaba la totalidad de la valija, pero entró. Cuando llegó el momento, se despidió del equipo de trabajo, tomó su equipaje al que notó algo más pesado y se fue al Aeropuerto. Cuando le tocó pasar su equipaje por el aparato de rayos X, el oficial lo consultó “¿Qué lleva en la valija?”. Su lógica e inocente respuesta fue “Nada. Ropa para una semana y papeles de trabajo para una auditoría”. El oficial aún no conforme le abrió la maleta, apareciendo en primer término y abarcando toda la valija, la pintura enmarcada de motivos marinos. “¿Esto también es para su trabajo?”. El Asistente N°2 solo atinó a enrojecerse avergonzado. Se podía visualizar que era una reproducción barata, claramente no había desvalijado ningún museo, y lo dejaron ir a sus obligaciones laborales.
Al llegar a la oficina de su asignación, lo recibió el encargado de trabajo, le preguntó si le habían enviado un cuadro. Parecía que estaba previsto, lástima que no le avisaron. El encargado tomó el cuadro y le pidió a Asistente N°2 que junto con otro asistente sostengan el cuadro y lo presentaran en una pared vacía. Dio unos pasos para atrás, pidió que lo probaran en distintas posiciones, ubicándolo aquí y allá. Finalmente, negando con su cabeza le dijo al Asistente N°2: “Lástima, pensé que aquí quedaría bien”. Colocó nuevamente el cuadro haciendo presión en la valija y le pidió: “Favor, le decís muchas gracias de mi parte al encargado de Buenos Aires. Una pena que no combinan los colores”

Asistente N°3

A éste asistente se le hizo un repaso de la metodología para efectuar un arqueo, un recuento de fondos y la forma de documentarlo. Inmediatamente después se le indicó que debería ir a un muy importante hotel alojamiento (albergue transitorio, hotel para parejas, hotel por horas, o del modo que actualmente lo denominen), que era cliente de auditoria del estudio y realizar un arqueo sorpresivo de la caja. Como el estudio tenía diversos clientes en varios tipos de negocio, le pareció extraño, pero no imposible. Y allí fue al hotel que, por supuesto, no era cliente del estudio. Se presentó con todo el ímpetu de su primera asignación pretendiendo efectuarle un recuento de fondos sorpresivo al cajero y a cargo del hotel quién, al verlo entrar solo y no en pareja, asumió que quería pagar el turno de la habitación para ver videos pornográficos. Por supuesto que le pareció un despropósito lo de exhibir el dinero de la caja ante un desconocido presuntuoso y, ante las amenazas de llamar a la Policía, el Asistente N°3 terminó por asumir su fracaso y volvió triste a la oficina donde no esperaba encontrarse con los rostros sonrientes del encargado y demás compañeros.



Epílogo

Durante cierto tiempo se mantuvo una relación tensa entre los nuevos asistentes y los encargados, pero todos cedieron un poco y eventualmente tuvieron buen trato y algunos quedaron como amigos. Los muchachos hicieron carrera en el estudio. Varios años después uno de ellos fue admitido como Socio, y los otros dos  Asistentes llegaron a la posición de CFO en grandes empresas. De los Encargados aquí mencionados, perdí totalmente su rastro.